Entrar a Miele es intimidante. Por un lado es todo lo que quisieras tener, pero difícilmente tendrás en un futuro inmediato.
Es como tener un porsche. Todos deseamos manejar esa máquina alemana y hacerla rugir con sus 460 HP, pero no nos dan las lucas, por lo mismo los miramos con admiración cada vez que pasamos por fuera de uno de los concesionarios.
Con Miele pasa lo mismo. Uno mira las cocinas y sabe que no están dentro del presupuesto. Conversando me contaron que el promedio de precio de un proyecto es desde 7 millones para arriba, pero FULL. Cocina, encimera de inducción, los muebles, el refrigerador, la cafetera, el calienta platos y el más maravilloso horno de la historia galáctica de los hornos (sólo falta que hable) valen cada uno de esos pesos, pero nuestros bolsillos no dan pa tanta maravilla.
Por lo mismo si te invitan a manejar una de estas cocinas maravillosas, el resultado siempre es lo mejor que te pudo pasar. Tiempos perfectos de cocción, temperaturas de laboratorio para cada plato, utensilios hermosos. Felicidad cocinera al máximo.
Usando todo pudimos preparar ricos platos, con la ayuda de uno de nuestros anfitriones, Mathieu Michel (chef del Opera Catedral)
Si usted es de los que tiene las lucas o de verdad le interesa la cocina, es hora que vaya al estiloso edificio de Miele en Nueva Costanera y visite el showroom. Lo van a atender de las mil maravillas, y podrá hacerse una idea de lo tecnicamente posible de hacer con todo el despliegue ingenieril Alemán de estos electrodomésticos.
Saludos y muchas gracias a Miele por la invitación.
Pancho Araya













































Dos palabras: orgasmo culinario.