
Organicé mi viaje agendando todo lo que tenía que conocer la primera vez que vendría a la Gran Manzana. Me leí guías, pedí consejos, anoté direcciones que sólo existían en mis más grandilocuentes sueños, muy aplicado.
A las 9 de la mañana, cuando el avión se comenzaba a inclinar para emprender el aterrizaje en JFK, sólo pregunté “donde está Manhattan” antes que la postal vista en innumerables ocasiones apareciera detrás de la ventana.
Nueva York es una ciudad enorme. Es “la jungla de concreto” con una diversidad impresionante en todo sentido. La gente más linda, más rara, más fea, más mezclada, más grandes, más chicos, todos en un mismo pedazo de tierra. Es por lo mismo que la comida aquí es la fiel representación de los mil y un sabores disponibles en tremenda locación.
Para un fanático de la comida, New York puede ser la perdición. Hay tanto que probar, tanto que mirar, tanto que comer, pero es caro. Caro como nunca me había tocado, caro porque todo es bueno. Con la cantidad de gente que vive aquí y la competencia que esto genera, cada restaurant quiere destacarse por sobre el otro. Crean vínculos con la gente, agregan delivery, aun cuando sean de mantel largo, siempre el servicio es correcto y obviamente la comida se mantiene en los mismos estándares.
En New York, una picada ronda los 6-8 USD, por un sanguche, por un pastel o un plato en específico, nunca por tres platos con bebida. Los de mantel largo pueden superar los 250 USD por cena, pero prometen ser una experiencia difícil de olvidar.
Con mi presupuesto, a menos que haga las gestiones correspondientes, no me alcanza pa una cena de 250 USD. Me alcanza si pal carrito de comida Halal y pitas de las 34th con Herald Sq, para el quiosco mexicano en Queens, el slice de pizza en Little Italy y el arrollado en Chinatown.
Me alcanza para los combos de comida rápida que hay por doquier y que siempre salvan al caminante hambriento, aun cuando sean despreciados por el sibarita de tomo y lomo. En tiempos difíciles, es bueno saber con cual de las chatarras quedarse.
Me alcanza además para desayunar en un diner, comprar un bagel, tomar un milshake, comerme un hotdog, beber un smoothie…Me alcanza para probar, me alcanza para aprender y para conocer. Me alcanza pa New York.
En los próximos post leerán un poco de lo entretenido de comer en la gran manzana, con cosas buenas, malas, menos malas y quizás excepcionales en un sentido único. Espero, queridos lectores, que disfruten este desvío de la Gran Capital, a la Gran Manzana.
Saludos!
Pancho Araya.











































Muy buen relato, NYC es exactamente como lo describes, lo mejor de la gran manzana es que es un continuo descubrir de olores, sabores y culturas, todo en un solo lugar.
Gente linda, gente fea, pequeña, alta...correcta descripción.
saludos
Ignacio