Por Isidora Díaz para Santiago en Picada.cl
En la viña Perez Cruz todo cuadra. Todo tiene su por qué, su razón de estar ahí, y encaja perfectamente con todo lo demás.
Hablo de la maravillosa bodega ideada y construida por José Cruz, hecha con madera laminada y líneas curvas. Hablo del jardín pensado para dar continuidad a la vegetación natural del valle del Maipo Alto. Hablo del cuidado en los procesos y los tiempos para hacer de cada uno de los vinos que probamos algo excepcional y único: la tierra con sus boldos y peumos metida en una botella.
Nos atendieron como reyes, sin el menor asomo de apuro. Todo el tiempo del mundo para probar los 6 vinos que allí producen. Germán Lyon nos explicó cada uno de ellos, sin rigideces ni tonteras fomes como he visto en otros enólogos, sino que dándose el tiempo incluso para “pelar el cable” sobre el vino, y sobre por qué será que los vinos muchas veces terminan oliendo a las mismas hierbas o flores de su entorno.
Los seis vinos que probamos eran sorprendentes. Me gustaron más el 1º, el 4º y el 6º.
El 1º fue un Cabernet Sauvignon muy fresco, liviano, que andaría bien incluso con pescados grasos. Una delicia de vino. Para mascarlo. Nos decía Germán que no es un vino que canse como los típicos de esta cepa, sino que una botella entre dos se va bastante rápido. Feliz hago la prueba.
El 2º, un Carmenère. Por fin, después de tantas desilusiones, pude probar un Carmenére hecho como debe ser. Nos contaba Germán que no es simple, que el grado justo de maduración es difícil de conseguir. Un vino que le hacía nanai a uno en el paladar.
El 3º, un Cot (o Malbec) que le pega mil patadas a la decena de Malbecs que había probado antes. Le lloraba un vacío (no existencial, claro está).
Después, el 4º, un Syrah que es lejos, pero lejos el más rico que he probado en la vida. No he probado demasiados, pero este me mató. Me pasó como en ese comercial donde el viejito de barba blanca siente un “ting”, se le ponen los ojos brillantes y se acuerda de mil tonteras… La diferencia es que a mí me dejó lela, y lo primero en que pensé fue en un gran pedazo de cordero. Era sabrosón, a cada sorbo sabores diferentes. No pude degustarlo; me tuve que tomar la copa casi entera. Dicen que “es de rotos”.
El 5º y el 6º fueron Liguai y Quelén, respectivamente. El primero, mezcla de Syrah, Cabernet Sauvignon y Carmenère; el segundo, Petit Verdot, Malbec y Carmenère. Aquí si que es otro nivel. Son vinos más caros, más complejos, o sea, realmente otra cosa. Era como para estar a solas un par de horas con cada uno. Los alcancé a conocer poco. Espero encontrarme con ellos otra vez. Eso sí, me convencí de que sí vale la pena pagar más de cincuenta mil pesos por una botella de vino de estas. Si usted puede, debe.
En suma, y para no seguir sacando más pica: lo que encontramos en Perez Cruz es, sin duda, un inmenso respeto por el vino, sus tiempos, sus orígenes y sus consumidores.
Salud!
Esta es la página: http://www.perezcruz.com/
(Estos vinos se encuentran sólo en tiendas especializadas. Vaya a la más cercana ahora ya!)












































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